Dr. Alberto Hernández, Quien lo hereda…
Seccion de Construccion - El Nuevo Dia -
Cuando su padre habla, lo escuchan detenidamente y en sus rostros se reflejan una serie de emociones y sentimientos: amor, admiración y orgullo hacia esa persona que todos conocen como uno de los pioneros en el campo de bienes raíces, pero que para ellos es simplemente “Papi”.
En una tarde llena de reminiscencias en las que no faltaron las lágrimas y la risa, el doctor Alberto Hernández y dos de sus cuatro hijos, Ligia y Alberto Alexander (Alex), abrieron su baúl de recuerdos para compartir algunas de sus vivencias.
Desde pequeños, los hijos de don Alberto le acompañaban a su oficina, lo cual los expuso desde muy temprana edad al mundo de los bienes raíces. Tal vez, por esa razón en la mente de su hija mayor, Ligia, nunca existió otra opción que no fuese ser vendedora, “igual que Papi”. Como la consigna familiar era “siempre hay que trabajar los veranos”, fue “casi una obligación” que los cuatro hermanos aprendieran a escribir a maquinilla, para pasar los contratos de compraventa y hacerlos oficiales, lo que contribuyó a unir aún más estos hijos a su padre. Aunque según ellos, es un “disciplinario”, también es un “sentimental”.
Es con lágrimas en los ojos que el fundador de Alberto Hernández Real Estate recuerda el deseo de su difunta esposa, Hilda Pujol, de que su hijo Alex trabajara en la empresa familiar y de cómo ella en sueños “organizaba” el futuro de cada uno de sus hijos. El sueño se hizo realidad. Alex, arquitecto de profesión, y quien por varios años vivió en Estados Unidos, regresó a Puerto Rico hace un tiempo y desde el pasado mes de noviembre se unió a su papá para tomar las riendas de la compañía, fundada hace más de 50 años.
Con gallardía y haciendo uso de su buen sentido del humor, don Alberto menciona que padece de la enfermedad de Parkinson, asegurando que lo dice “para que no se pongan a averiguar por ahí”, a la vez de que presume de su fortaleza física y mental, lo que lo motiva a ir diariamente a la oficina. De esto da fe su secretaria Yanira al relatar que su jefe le dicta cartas y está al tanto de todo lo que ocurre en la oficina.
Confirmando que se siente listo para “el paso de batón” don Alberto dice estar “sorprendido con el carácter ejecutivo” de su hijo, esto aunque sabe que tenía “madera” para llegar a donde él quisiera. Este experimentado corredor, quien posee la Licencia Número 2 de Corredor de Bienes Raíces expedida en Puerto Rico, define trabajar junto a su hijo como estimulante.
“Alex ha inyectado energía y nuevas ideas al negocio”, dice categóricamente don Alberto al mencionar la ‘buena mezcla’ que se ha creado en Alberto Hernández Real Estate con un arquitecto al mando. Ahora los corredores “aprenden y entienden un poco más del producto que están vendiendo”, una nueva estrategia de venta creada por padre e hijo que les está trayendo excelentes resultados.
Sin embargo, tanto Alex como Ligia se apresuran a destacar que es su padre quien siempre ha sido un visionario para quien no existen imposibles y relatan cómo lograba vender proyectos en donde las ventas estaban estancadas y nadie compraba.
“Yo vivía de los muertos”, dice don Alberto haciendo uso una vez más de sus ocurrencias, al referirse a proyectos difíciles que luego de cambios de imagen y mercadeo lograban venderse. Pero para don Alberto, quien por muchos años ha sido profesor de bienes raíces, la fórmula para vender proyectos difíciles es más sencilla que un complicado plan de mercadeo: buscarle la vuelta y estar positivo. Ese positivismo ha acompañado al patriarca de la familia Hernández toda su vida, no importa la situación a la que se enfrente, don Alberto asegura encontrar el balance y haber aprendido que si algo no se concreta, hay que “dejarlo atrás y seguir a lo próximo”.
El fundador de Alberto Hernández Real Estate reconoce con sencillez que ha sido parte importante de la historia de bienes raíces de la patria que lo adoptó hace muchos años. Inmediatamente don Alberto aclara que el ex gobernador Luis Muñoz Marín le dio ‘status’ de puertorriqueño, cuando en una reunión en La Fortaleza el corredor de bienes raíces refirió a sí mismo como un ‘cubano presentao”; Muñoz Marín le corrigió y le dijo que era hijo adoptivo y como tal, “era dueño de esta patria también”.
Amante del arte, la lectura y la música, don Alberto ha usado en más de una ocasión su vena creativa y afirma que ha nombrado muchos de los proyectos que ha vendido, siendo “Playa Santa“ en Guánica el más conocido de todos.
Los hijos de don Alberto, atentos a estas historias, dicen recordar muchos de los proyectos que su padre nombró y vendió. De hecho, cuentan que cuando los domingos iban a Dorado a montar bicicleta todos juntos, su padre no dejaba de llamar a la oficina para ‘chequear’ que todo estuviese en orden. Reconocen que igual de estricto que es de padre, así es de jefe, pero esa experiencia no la cambian por nada del mundo, porque dentro de esa persona disciplinaria hay un ser humano que siempre ha estado dando apoyo. Ligia siente ese soporte como hija y como empleada que fue durante mucho tiempo de “Alberto Hernández Real Estate”, siendo por derecho propio una exitosa corredora de bienes raíces que actualmente dirige su propia compañía.
Los triunfos de su primogénita Ligia son sus triunfos. “Yo la preparé”, asegura don Alberto con la confianza del maestro que enseña a sus pupilos y los ve sobrepasar sus metas. Señalando que es la pasión que su hija pone en lo que hace lo que le permite cosechar éxito tras éxito, don Alberto cuenta cómo con sus hijos discute y consulta todos los asuntos.
“Papi es medio brujo”, dice en tono divertido Alex al relatar que cuando su padre sueña algo o con alguien, usualmente el sueño se cumple, o esa persona llama, y ni hablar de las veces que “predice las consecuencias” de muchas situaciones.
Gozando con esas expresiones de su hijo Alex, don Alberto dice que en realidad es la experiencia la que ayuda a saber discernir, más que por ser “medio brujo”. “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, comenta de forma simpática este padre de 4 hijos cuya vida ha sido marcada por triunfos profesionales y personales.
Orgulloso de sus hijos y padre protector, quisiera tenerlos a todos junto a él, pero comprende que cada uno tiene que hacer su propia vida. Con satisfacción habla de Ingrid, la artista gráfica, y de Brigitte, la bioquímica, graduada de la Universidad de Cornell, quienes a pesar de vivir en Estados Unidos mantienen vínculos muy estrechos con sus hermanos aquí en Puerto Rico.
Reconociendo que la vida le ha premiado, don Alberto se dio a la tarea de crear junto con sus hijos y amigos la Fundación Dr. Alberto Hernández Domínguez para becar a jóvenes de excelencia académica en sus estudios universitarios. Se siente honrado al decir que han becado a más de 40 estudiantes desde que hace 6 años fue creada la Fundación, y presume de “un ingeniero en la NASA” y de muchos otros profesionales que se han beneficiado a través de la Fundación.
Don Alberto tiene mucho que contar, una vida plena que resume en lo que más le llena: su familia. Su orgullo… sus hijos. Su legado… sus hijos. No importan los cientos de proyectos vendidos o nombrados por este pionero de los bienes raíces; para sus hijos es simplemente “Papi”.
